• Raffael Fluss

El inquieto ilusionista


Raffael Fluss. El primer bolo de este mago se produjo en el ejército, con apenas 18 años. Después de casi 30 de carrera, ya dispone de su Art Magic Academy en Reus

MARC LIBIANO PIJOAN



La magia es una rama del arte que despierta curiosidad por la capacidad de embrujo que genera. A Raffael Fluss (Reus, 1972) le llamó la atención desde la infancia. Veía a su padre hipnotizar a la familia con su repertorio de trucos en fiestas familiares y desde entonces lo ha convertido en casi una forma de vida. Hoy compagina su tarea de ilusionista casi vocacional, con su tarea laboral en una empresa. El reusense se formó académicamente en la escuela Pare Manyanet y luego completó la formación profesional. «En aquella época tampoco había mucho más en la ciudad», reconoce. No se perdía ninguno de los programas televisivos del prestigioso mago Juan Tamarit por la televisión, en aquel show con cierta tradición llamado «Cajón de Sastre». La inquietud por conocer todos los secretos del arte también ha distinguido al ilusionista, que ha exhibido siempre su mente abierta para aprender desde todos los sectores. «Conocer es algo necesario en todos los ámbitos de la vida. Pienso que uno no es mago sólo porque sabe hacer cuatro trucos, se trata de un largo camino de aprendizaje», asegura. En el ejército ya le surgieron sus primeras actuaciones. «Siempre que había algún evento me apuntaba», reconoce. Su presencia militar data de 1992. Desde entonces ha consumido casi 30 años de carrera como mago semi profesional. «Para dedicarte al arte de forma exclusiva necesitas viajar de un lado al otro y eso a mí me repercutía en tener que renunciar a cosas que no quería. Así que he logrado hacerlo en un ámbito más local y estoy satisfecho», asume. Hoteles, fiestas, eventos, colegios, bodas y restaurantes, todos conocen el show que prepara este ilusionista con buena prensa en el panorama provincial. «Con el paso de los años vas mirando y aprendiendo un poco de otros magos». Esa capacidad para absorber conocimiento le han hecho distinto al resto. Fluss ya cuerpea con el escenario sin apenas pestañear. Cuando aparece algún pequeño error de cálculo en el espectáculo, responde con garantías. «Te puedes equivocar, sobre todo al principio, que me quedaba un poco blanco (sonríe). Ahora me considero más preparado». La primera academia El trayecto de Raffael se completó en 2018 cuando consumó otra de sus grandes ilusiones, la enseñanza. Abrió la Art Magic Academy en Reus, una de las pocas escuelas de magia de la provincia, y la experiencia le ha llenado sin sospechas. Dispone de 12 alumnos que se han interesado no sólo por saber realizar un truco con éxito, sino también por todo lo que conlleva el arte. «La base del éxito de un buen ilusionista es el estudio y el entrenamiento desde mi punto de vista. Eso pretendo inculcar a los alumnos que vienen», responde el protagonista. La relación y el retorno que mantiene con el público se ha transformado en un alimento que justifica tanto trabajo y sacrificio. «Resulta muy gratificante que, después de dos años de haber vivido tu espectáculo, te escriba gente para recordarte y para volver a reclamarte. Las muestras de cariño te hacen sentir que algo estás haciendo bien», concluye. Fluss no se detiene, a pesar de la mala época en la que nos encontramos. Una pandemia ajena al arte no va a apagar el entusiasmo de este inquieto ilusionista. Su capacidad para deleitar al público promete nuevas emociones en un futuro no muy lejano en la ciudad. Temas

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